THE MUSHROOM HUNTER by María Encarnación Carrillo

sábado, 3 de marzo de 2012

VEN Y DIME CÓMO VIVES de Agatha Christie

De la conocida autora británica Agatha Christie es posible leer un título distinto cada mes durante siete años seguidos. Y también es posible ver una dramatización distinta de una obra suya cada mes durante dos años.
Personalmente disfruté mucho en su día leyendo obras como  Muerte en el Nilo o Diez Negritos, y ahora he vuelto a disfrutar con una obra suya autobiográfica: Ven y dime como vives.  Un libro amable y divertido o como ella misma describe en el prólogo “un entretenimiento…, un librillo lleno de quehaceres y acontecimientos cotidianos” en el que nos narra las peripecias vividas en las excavaciones arqueológicas en Siria e Irak, a lado de su segundo marido, el arqueólogo Max Mallowan.
A lo largo de sus páginas podemos sumergirnos en las  simpáticas aventuras de este grupo de occidentales hipercivilizados, ciudadanos de Gran Bretaña. Entre lo que se encontraba Agatha, una mujer, que pese a su fama como escritora de novela policiaca, participó por completo en las excavaciones de Max en Siria e Irak, soportando incomodidades y buscando el lado divertido de los desastres que continuamente sucedían y que en numerosas ocasiones eran debidos al choque de culturas.
Podemos ver en las historias que nos narra como estos “quehaceres y acontecimientos cotidianos” son lo suficientemente extraordinarios para hacernos pasar un buen rato. Episodio tras episodio vemos como  hombres y máquinas son propensos por igual a crear problemas, y lo mismo da ratones, murciélagos, arañas, pulgas o desórdenes estomacales, todo se nos describe con un guiño amable.
También hay entre sus páginas descripciones que nos acercan a una Agatha Christie apasionada por la vida y que disfruta con la misma; como ejemplo os dejo esta deliciosa descripción del Orient Express en el primer capítulo, un pasaje que nos habla de su fascinación por los trenes y de las promesas de aventura que el emprender un viaje en uno de ellos conlleva:

“Hace muchos, muchos años, cuando iba a la Costa Azul o a París, me fascinaba al ver el Orient Express en Calais y ansiaba viajar en él. Ahora se ha vuelto un viejo amigo de familia, pero la emoción no es menor. ¡Viajaré en el Orient Express! ¡Estoy en el Orient Express! Estoy realmente en el vagón azul que luce una sencilla leyenda en la parte exterior: CALAIS-ESTAMBUL. Es, sin la menor duda mi tren predilecto. Me gusta su tempo, que a partir de un allegro con furore se balancea y traquetea y se agita de un lado a otro en su delirante prisa por abandonar Calais y Occidente, reduciendo gradualmente el ritmo a un rallentando a medida que avanza hacia el este, hasta convertirse decididamente en un legato.”

martes, 14 de febrero de 2012

ORATORIA de Winston Churchill

Winston Churchill (1874-1965) obtuvo el Premio Nobel de literatura en 1953. De esta manera se reconoció su obra escrita de carácter histórico, biográfico, así como los brillantes discursos donde en numerosas ocasiones fueron exaltados los valores humanos.
En su juventud se graduó en la Real Academia Militar de Sandhurst, y sirvió en la India y Sudán. Posteriormente pidió la excedencia para acudir como observador militar y corresponsal en la Guerra de Cuba en 1895, y destacó que los españoles eran “gente orgullosa que no pasaba por alto un insulto”. También estuvo en Sudáfrica como corresponsal en 1899, en la Guerra Bóer, donde se convirtió en héroe nacional al protagonizar una arriesgada fuga tras haber sido capturado.
En 1900 comienza su carrera política, desempeñando varios cargos como diputado, ministro de interior, y ministro de marina para finalmente acabar sucediendo a Chamberlain como primer ministro, el 10 de mayo de 1940.
El mundo recuerda a Churchill por su templanza y coraje al frente de un país, la Inglaterra de la Segunda Guerra Mundial, en sus horas más dramáticas. Churchill con su aspecto afable, siempre bajo un bombín y chupando un grueso puro, guió a sus compatriotas cuando resistían el imparable avance del fascismo en Europa.
Al inicio de su primer mandato durante los difíciles días de 1940, ya iniciada la II Guerra Mundial (evacuación de Dunkerque, caída de Francia en poder alemán y batalla de Inglaterra), la combatividad de Churchill y sus enfervorizados discursos infundieron ánimo a los británicos para continuar la lucha. Es indiscutible la magnífica oratoria de su famoso discurso del 4 de junio de 1940 (http://en.wikisource.org/wiki/We_shall_fight_on_the_beaches ) lleno de coraje y valentía en el que alentaba a sus compatriotas a no rendirse jamás, cuando parecía inevitable que los alemanes invadieran la isla; son destacables sus palabras finales tras describir los difíciles momentos en los que se encontraban:

...continuaremos hasta el final... lucharemos en Francia... lucharemos en los mares y los océanos... lucharemos con cada vez mayor confianza y mayor fuerza en el aire...

...defenderemos nuestra isla cueste lo que cueste... lucharemos en las playas... lucharemos en las pistas de aterrizaje... lucharemos en los campos y en las calles... lucharemos en las colinas... nunca nos rendiremos...
Me gusta mucho este discurso, me parecen unas impresionantes palabras para una persona que empieza su mandato como presidente, de un país envuelto en una guerra, apenas un mes antes.
Y me gusta porque a veces, y sobre todo, en tiempos de crisis, se hace necesario que alguien con la inteligencia y la templanza de políticos como Churchill —aunque también tuvo sus sombras, como cuando de joven fue ministro de interior y ninguneó a las sufragistas cuando pedían votar—  alentara a las personas a seguir su lucha diaria con coraje y valentía. Porque cuando enciendo la televisión, escucho la radio, o leo la prensa tan solo me encuentro con una oratoria política pobre, vacía, demagógica, cobarde e impostora, y desde luego una oratoria nada literaria, vaticino que ninguno de su declamadores ganarán el Nobel de Literatura.

Winston Churchill es célebre también por sus frases, hoy quiero finalizar con una de ellas:

               “Un político ,debe ser capaz de predecir lo que pasara mañana, y la semana, el mes y el año próximos. Y también debe ser capaz de explicar por que no acertó.”





jueves, 12 de enero de 2012

MI AMOR DESGRACIADO de Lola López Mondéjar

 

Mi amor desgraciado, finalista del XXI Premio de Narrativa Torrente Ballester y editada por Siruela, es una obra magistralmente escrita por la escritora Lola López Mondéjar que me atrapó en el primer párrafo, dejándome casi sin aliento y llevándome en vilo hasta el final de la narración.



La obra cuenta la historia de dos mujeres cuya experiencia de la maternidad las afecta sobremanera, una maternidad vivida en desequilibrio, que las sobrecarga, que no las satisface, y que las lleva a cometer acciones que las marcarán a ellas y a sus familias de manera dramática; y que me ha hecho plantearme numerosas e interesantes cuestiones acerca del rol de las mujeres en esta sociedad. Roles que en muchas ocasiones siguen encerrando a las mujeres dentro de una urna en la que solo cabe el papel de esposa, madre, u objeto del deseo masculino…rancios papeles que en muchas ocasiones hacen desaparecer a la persona que la mujer lleva dentro, encasillándola, y que sin embargo siguen vigentes en la actualidad.



Así vemos como Hélène, atrapada en un estereotipo que la cosifica y la convierte en objeto sexual, vive su maternidad como un estorbo insoportable que le impide seguir desempeñando el papel que su marido le demandaba, pues sólo vivía para ello, y que la llevan a cometer el triste infanticidio, pues el ser madre la lleva a la renuncia total de su vida anterior, a su muerte simbólica, el único rol con el que se identificaba: “Cada vez que tenía que cuidarlos me sentía fuera de escena, como si hiciese algo sucio, ¡hay tantos pañales que quitar! ¡Tanto olor a heces que soportar! ¡Tanto afanarse, agacharse, recoger, colocar! ¿Cómo iba a permitir que él me viese de esa manera? Era antiestético, ¿me comprende? No hay imágenes, no hay películas que hagan hermoso e interesante el cuidado de los niños, y yo me sentía fuera de escena, desenfocada. Me irritaba pensar que alguien pudiera verme de semejante guisa: como una vulgar criada.”



Y no menos dañada vemos a la otra protagonista, asfixiada por su papel como esposa y madre y que nos lleva a preguntarnos ¿Qué puede provocar que una esposa y madre huya a una ciudad de otro país y abandone su hogar, a su marido y a su hija, su mundo hasta ese día conocido? La respuesta se puede encontrar en cualquier página de la obra, que está impregnada del motivo esencial que ha provocado que una de las protagonistas tenga la necesidad de desaparecer del escenario donde han transcurrido los últimos años de su vida, como podemos leer en sus páginas: “El amor maternal es un invento de los hombres, se lo digo yo, son los hombres quienes necesitan creer que les amamos por encima de nosotras mismas, sólo ellos. A la larga, las mujeres llegamos a saber qué es una madre, la amalgama de sentimientos que se esconden tras sus cuidados, la muerte de nosotras mismas que comporta; los hombres no. Nunca podrán saberlo. Entonces me quedé tranquila y sola, y eso me gustó.”



Y como vemos, ambas mujeres se mueven dentro de los estereotipos que la sociedad patriarcal tiene destinada para sus ciudadanas del sexo femenino, y paradójicamente lejos de cumplir el cometido para el que han sido programadas, es el propio rol de esposa, madre y objeto sexual el que las destruye, y acaban desarrollando comportamientos nocivos para sus familias y para si mismas.



La lectura de esta obra me ha traído a la mente la imagen de tantas y tantas esposas y madres, familiares y amigas, que pasan la vida trabajando en el hogar, cuidando a su marido y a sus hijos, sin que nadie les reconozca la labor social que realizan, y el sacrificio que comporta para muchas de ellas el dedicar una media de cinco horas diarias a dichos menesteres (a mi me parece que estas encuestas se quedan cortas en número de horas), frente a las escasa media hora que dedican de media los hombres. Así como la no integración de la maternidad en la sexualidad femenina, vivida como un estado al margen de ella.



Y lo que me extraña realmente, es cómo las mujeres que soportan esta situación, al igual que hace una de las mujeres en la obra, no abandonan en masa sus hogares antes de que el daño, que puede provocar en su persona, sea irrevocable, y pienso que quizás este sería otro motivo interesante a analizar: ¿por qué se consiente esta injusticia social en la que la mujer está al servicio de toda la familia? ¿Por qué la seguimos consintiendo las mujeres? ¿Por qué la consienten los hombres? ¿Y dónde está nuestra responsabilidad como mujeres y hombres y en definitiva como seres humanos para evitarlo? Y realmente creo, sin lugar a dudas, que quizás en la solución a este problema vaya implícito parte de nuestro equilibrio y nuestra salud como sociedad.



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sábado, 31 de diciembre de 2011

OJOS AZULES de Toni Morrison


Ojos Azules fue la primera obra que Toni Morrison, la Premio Nobel norteamericana, publicó en los setenta, una obra en la que trata temas diversos como la demonización de la raza negra, la autoaversión, el concepto de belleza impuesto, la voz femenina o la infancia truncada.

Tras un breve capítulo en el que Pecola, la malograda protagonista, habla en una especie de monólogo interior en el que acaba enlazando todas las palabras como si a la pobre niña se le hubiese enredando el pensamiento; la voz de de otra niña, amiga de Pecola, comienza a describir el relato de su historia:

“Aunque nadie diga nada, en el otoño de 1941 no hubo caléndulas. Creímos entonces que si las caléndulas no habían crecido era debido a que Pecola iba a tener el bebé de su padre.”

Y así empieza un libro que narra la historia terrible de Pecola una niña de color de doce años, fea y pobre, que vive en los Estados Unidos de la segunda guerra mundial, una época, que queda retratada tristemente por las maneras con que la población blanca trataba a la población negra, en la que la discriminación, la denigración y en definitiva el racismo estaba a la orden del día de una forma impúdicamente explícita y clara.

Tal y como podemos leer en el epílogo de la edición actual, escrito años después a su publicación en 1993, Toni Morrison escribió  esta obra buscando profundizar a la vez de visibilizar varios de los grandes problemas que la población negra tenía que sufrir, como la demonización de la raza de color y su influencia en los miembros más indefensos de ésta:

“Concentré mi atención en cómo algo tan grotesco como la demonización de toda una raza podía echar raíces dentro del miembro más delicado de la sociedad: una niña; el miembro más vulnerable: una criatura del sexo femenino.”

Ojos azules está dividido en cuatro capítulos: Otoño, Invierno, Primavera, Verano; narrado a partir de voces diferentes, como si estuviera confeccionado a retazos que, sin embargo, forma una unidad muy conexionada. Y en el que describe la historia de Pecola, y de cómo llegó a quedar embarazada de su padre y de las circunstancias que abocaron a ese hombre a hacer tamaña atrocidad. Una obra en la que destaco también el epílogo escrito posteriormente en el que se desvelan las claves que movieron entonces a Toni Morrison a escribirlo y que explica detalladamente, acercándonos la realidad, en parte desconocida, a las personas que no hemos visto y vivido esta problemática social de primera mano; y que me han hecho pensar en los mecanismos que se ponen en marcha para demonizar grupos sociales, o incluso personas en particular, y sus fórmulas para echar raíces en los individuos que los sufren llevándolos incluso al desprecio de si mismos.

Pecola es descrita como fea y ella consciente de su fealdad, sueña con tener los ojos azules como esas niñas rubias y blancas. Y con este detalle la escritora se sirve de ella para exponer también otro de los problemas que la población de color acarreaba y que define en el epílogo como “autoaversión racial” aprendida por el pueblo negro a base de estar expuesto a los únicos modelos posibles y aceptables en la sociedad que habitan como el modelo blanco y su constante desprecio racista. Lo que lleva a la población negra a infravalorarse hasta extremos deshumanizadores, inflingiéndose ellos mismos ataques los unos contra los otros de los que no son capaces de defenderse, convertidos en víctimas de una población blanca que no los quiere y victimas también del odio que hacia si mismos ha crecido entre ellos consecuencia de mirarse en el espejo de la población blanca, donde no había alternativa al modelo impuesto.

Toni Morrison cierra el epílogo, refiriéndose al escaso éxito que tuvo la obra cuando se publicó, con las siguientes palabras: “Con muy pocas excepciones, la publicación inicial de Ojos azules fue como la vida de Pecola: desechada, trivializada, mal interpretada. Y ha costado veinticinco años ganar para ella la respetuosa publicación que esta edición constituye.” Es aquí cuando la autora, tras un sabio análisis de la obra, ve por fin reconocido el valor de su libro Ojos Azules, y entiendo que la lectura actual del mismo hace posible este reconocimiento, como si los nuevos tiempos lo hubiesen hecho posible, una época en la que la raza negra ya no es discriminada de la manera que solía serlo, y de la misma manera su obra ha sido aceptada y reconocida.

Toni Morrison recibió el Premio Nobel con tan solo seis obras publicadas, un galardón del que se debe sentir muy orgullosa, porque en él va implícito su lucha personal contra el racismo.

martes, 6 de diciembre de 2011

OBABAKOAK de Bernardo Atxaga



El escritor Bernardo Atxaga publicó su obra Obabakoak en 1988, una novela deliciosa escrita en euskera originariamente, con la que ganó el Premio Nacional de Literatura, el Premio de la Crítica y el Premio de Euskadi entre los más importantes. Y fue en 2005, cuando Montxo Armendáriz estrenó su película titulada Obaba basada en esta obra, también muy aclamada, y que por cierto aun no he visto.

Se puede decir que Obabakoak está dividido en tres libros, que podrían funcionar por separado pero que están íntimamente relacionados: Infancias, Nueve palabras en honor del pueblo de Villamediana. y En busca de la última palabra. Y en ellos podemos descubrir un sinfín de historias que versan de una u otra manera sobre el pueblo de Obaba, un lugar que ha quedado en mi memoria como un espacio mítico en el que habitan los cuentos.

Tras su lectura, el pueblo de Obaba representa de alguna manera para mi, el reino de la literatura, de esas historias y relatos que cada uno de nosotros atesoramos desde niños, que hemos vivido, escuchado y leído, y que conforman nuestra tradición literaria personal.

Y en Obaba transcurre también el último capítulo: En busca de la última palabra. Una pequeña joya que nos habla del valor de las historias, y que nos hace conmovedoras reflexiones sobre el hecho literario.

En este capítulo final, un relato largo, que podría entenderse también como una novela corta; dos amigos, aficionados a la escritura, dialogan acerca del secreto que encierra un buen cuento. Su conversación transcurre, en parte, durante el viaje en coche hacia Obaba para encontrarse con el tío de uno de ellos, el tío de Montevideo. Allí seguirán con sus diálogos mientras disfrutan de una comida literaria que el tío ha preparado. Y a su vez, ellos mismos serán protagonistas de otras historias que les van sucediendo a lo largo del capítulo, historias que pareciendo ficción en un primer momento acaban convirtiéndose en realidad, para pesadilla del protagonista.

Quiero compartir desde aquí, alguna de las reflexiones que sobre literatura y escritura se hacen, en torno a la calidad literaria de autores como Chejov, Waugh o Maupassant, así como el secreto que encierra un buen cuento:

“La clave no está en inventar una historia-concluyó mi amigo. Historias hay de sobra. La clave está en la mirada del autor, en su manera de ver las cosas. Si es realmente bueno, tomará como material su propia experiencia, y captará en ellas algo que sea esencial. Si es malo, nunca traspasará la frontera de lo meramente anecdótico. Por eso son buenos los cuentos que hoy hemos recordado. Porque expresan cosas esenciales, y no simples anécdotas.”


Y esto me ha hecho recordar mis lecturas, y me ha hecho pensar en esas obras que me han gustado y esas otras que he abandonado, dejándolas a medio. Y pienso que quizás sea porque las primeras me han hablado de cosas esenciales como la muerte o el amor, y las últimas se han quedado, tan solo, en simples anécdotas. Unas me han acercado a la vida y otras me han alejado de ella.

martes, 15 de noviembre de 2011

UN MILLÓN DE PASOS de Isabel Buendía




Isabel Buendía presentó su primera novela Un millón de pasos en septiembre de este año. Una obra con la que la autora nos adentra en el Camino de Santiago, una camino mítico, milenario, ancestral, un camino iniciático para el que lo realiza.

 En su comienzo Marina, la protagonista, nos regala este maravilloso pasaje lleno de alusiones sobre el significado del camino: “Voy a andar hasta el fin de la tierra, voy a buscar y perderme, a huir y encontrarme; conoceré los límites, y soñaré que siempre se puede ir un poco más allá. Para cuando regrese habré alcanzado fronteras de las que es imposible retroceder y pagado el precio que tienen los sueños.”

Un millón de pasos es una novela de viajes que trascurre a través del Camino de Santiago, camino por el que transitan dos amigas: Marina y Laura, y que provocará en la protagonista un profundo cambio interior. El viaje suele transformar al viajero, y Marina es transformada en su esencia y así nos lo desvela al final del libro coincidiendo con el final del viaje: “Y el viaje habrá terminado. Este viaje que ha sido largo y cansado, previsible y sorprendente al mismo tiempo; también ha sido un imborrable viaje interior, hondo, suave e hiriente que, igual que la fina lluvia de Santiago, va calando sin que a penas se note, ha llegado hasta lo más hondo de mi alma y ha hecho tambalear los sólidos cimientos de una amistad y de algunos principios.”

Ha sido para mí un libro delicioso de prosa clara, concisa y amable que describe de manera fantástica el camino y las relaciones que se establecen a lo largo de él. 

miércoles, 2 de noviembre de 2011

EL CAMINO DE LOS INGLESES de Antonio Soler

portada
Llegué a esta novela después de haber visto la película homónima que dirigió Antonio Banderas con guión del propio Antonio Soler. La película me encantó y leer la obra me ha permitido profundizar en todo lo que la película me regaló.
La novela plagada de personajes y galardonada con el Premio Nadal en el 2004, narra el último verano de la adolescencia de un grupo de jóvenes que viven en Málaga y para los que el paso a la vida adulta conlleva la renuncia de muchos de sus sueños, a la vez que les lleva a tomar conciencia de la realidad que les espera, una realidad cruda y sin futuro en la mayoría de los casos.
Al comienzo de la novela se describe el principio de un verano en la vida de los personajes, una época en el tiempo, metáfora de cómo se sentían sus protagonistas. Dueños de un futuro aun por vivir, a pesar de que la historia personal que se nos muestra de cada uno de ellos nos hace verlos como jóvenes con un triste porvenir: “Y éramos, por encima de todos los temores y las precariedades, no se si impulsados por la inocencia o la biología, los dueños del futuro.” (Narrador)
Para luego con la llegada del otoño y tras el rosario de los trágicos sucesos que les aguarda el final del verano, terminar perdiendo la inocencia que aun les quedaba, y que ya algunos de sus personajes empezaba a vislumbrar con el paso de los últimos días de verano, a modo de clarividencia: “Además, ya sabía que nunca iba a ser poeta. Me había dado cuenta de que todo era un disparate. No tuve que pararme delante de aquella pared llena de libros que nunca iba a leer para saber que me iba a ahogar en mi propio sueño” (Miguelito Dávila).
La novela me ha llevado a múltiples reflexiones, acerca de aquel tiempo adolescente pasado y acerca de nuestros sueños de juventud, aquellos sueños a los que uno ha podido renunciar en un momento dado y aquellos sueños que por suerte, y a pesar de los avatares por los que la vida nos hace pasar, aun nos quedan y a los que aun no hemos renunciado. Sueños que seguimos persiguiendo, y que nos hacen sentir vivos en la medida que vamos en su búsqueda, embarcándonos en proyectos que, sin quizá saberlo, nos hacen regocijarnos en nuestro joven interior. Y si esto es así, pienso que renunciar a nuestro sueños nos hace un poco más viejos.
Termino con una cita del narrador que hace casi al final de la historia y que me hace reflexionar sobre la relación entre literatura y vida y sobre el oficio de escribir:”Pensé en esta novela en los campos del Flandes…Pensé que quizá pueda llegarse a lo más hondo de uno mismo describiendo aquello que nuestros ojos han visto en vez de ese otro terreno, pantanoso y siempre alumbrado de claroscuros y penumbras, en el que vive nuestro corazón. También nuestro pensamiento. Pensé que somos el paisaje por el que transcurren nuestras vidas, poco más”.